Momento muy delicado para el equipo malagueño, ahora mismo fuera del playoff, con un preocupante 1-7 en ACB y demasiadas turbulencias alrededor del club.
El Unicaja se ha metido en un agujero feísimo en apenas unas semanas. Un equipo gastado, frustrado, lleno de dudas y con demasiadas cosas estallando al mismo tiempo alrededor de un vestuario que transmite exactamente eso: desgaste. Muchísimo desgaste. El nivel competitivo ha caído en picado y han quedado mucho más expuestas las costuras de un grupo que lleva meses sobreviviendo con problemas estructurales importantes. Problemas de todos los colores. Falta de generación ofensiva, déficit de talento en determinados contextos, menos físico del que exige hoy el baloncesto de máximo nivel y varios perfiles clave fuera de combate o muy lejos de lo que el equipo necesita. Y al final, la sensación general es esa: una plantilla que ahora mismo no da.
Y el escenario empieza a ser realmente delicado. La derrota en Burgos dejó al Unicaja fuera del playoff y el balance retrata perfectamente la caída: 1-7 en el último ciclo de ACB. Un dato demoledor para un proyecto construido para pelear arriba y que maneja uno de los grandes presupuestos de la competición, por encima de los 16 millones de euros y muy cerca ya de las cifras de Baskonia. Jugar las eliminatorias por el título es el mínimo.
Existe además la sensación de que algo terminó de romperse tras no competir con el Real Madrid en la Copa del Rey de Valencia. Y a todo ello se ha sumado una avalancha de problemas físicos cruel. David Kravish, jugador estructural, estuvo seis meses fuera, y hay otras piezas elementales lejos de su 100%: Tyson Pérez, Tyler Kalinoski o Kendrick Perry, una sombra de ese jugador dominante durante esta etapa de Ibon.